18 enero 2009

Si somos lo que leemos, ¿seremos lo que escribimos? A short history acompañada de una Letanía de Cordero.

Slim fast
Néstor Adame Santos

Letanía

Porque me vuelve vulnerable,
porque me obliga a buscar otro cuerpo,
porque me vuelve visible,
porque me vuelve utilizable,
porque me obliga a depender de otros,
porque me impide volar,
porque turba la pureza de mi imaginación,
porque no me pertenece y yo sí le pertenezco,
porque no puedo expresarme sin él,
porque chantajea mi espíritu,
porque ocupa un lugar,
porque todos me juzgan por él y no por mí,
porque me duele,
porque me hace morir y me obliga a vivir,
porque el tiempo me carcome, el espacio me
asfixia
y el amor me impone sus implacables condiciones,
odio a mi cuerpo.

Y el maldito lo sabe y no le importa:
sigue segregando
Sergio Cordero

Antes de haber ido a la cama, se volvió a subir a la bascula: 93.7 kilogramos. Esto lo hacía desde el lunes que empezó la dieta, tres días de ese régimen y no había bajado más que gramos.
―Sigo hecha un puerco. ―Con un gesto de resignación se volvió a colocar sus pantuflas y fue a la cama. Encendió la televisión, a esas horas de la noche sólo aparecían infomerciales de productos milagro con los cuales bajas 5 kilos en dos días. Veía todo el programa y volteaba a ver el teléfono que tenía en su buró: “Si no te gusta que te digan, chonchita, chonchis, goldis, o quieres recuperar esa confianza que se te ha ido con la llegada de tus kilos, ¡qué estás esperando para marcar! Somos los únicos con resultados reales, y si no te funcionó te devolvemos tu dinero.”
No era la primera vez que encargaba un producto de éstos, inclusive en ese momento seguía tomando medicamento del cual se acordó. Volvió a salir de la cama y sacó de su tocador una caja de la cual extrajo dos pastillas, las que en poco tiempo la bajarían de peso; se las tomó sin agua, seguido a esto entró en la cama y apagó el televisor.

Cuando volvió a despertar en su reloj se observaba que eran las 4:22 de la madrugada. Salió de la cama, se acomodó sus pantuflas y se dirigió al baño, en ese lapso iba más dormida que despierta debido a que en su camino se atravesó una silla con la cual torpemente se estrelló. Entró al baño, encendió la luz, dio un largo bostezo y se bajó su pants, llevándose consigo el calzón. Cuando apoyó en sus muslos sus codos, notó que éstos eran diferentes, se observó bien y sus muslos habían pasado de ser dos bates del capitán Cavernícola a unos más torneados y esbeltos. Miró sus manos y éstas parecían más reducidas, los dedos eran más delicados, sus antebrazos parecían haber perdido todo el cumulo de grasa que habían tendido por mucho tiempo, sus hombros estaban firmes… ¡Su vientre! Su vientre estaba liso, la gran cantidad de lonjas eran ahora una cintura bien delineada.
De un brinco se puso de pie y veía su rostro en el espejo. No podía creer la imagen que el cristal le devolvía: una cara afilada con los pómulos marcados, una nariz respingada y su extenuante papada se había evaporado. Tocaba su cara con un asombro mágico, se despojó de esa inmensa sudadera que traía puesta y acarició sus redondos y pequeños senos. Absolutamente no podía creer lo que estaba ocurriendo, seguro esa dieta o las pastillas que estaba tomando eran cosa de otro mundo.
No sabía qué hacer con tanta felicidad y lo primero que se lo ocurrió fue salir a comunicárselo alguien. Cuando regresó a su recamara, unos ronquidos hicieron que se detuviera, caminó muy lentamente a su cama en donde, con la oscuridad, no se veía bien qué o quién estaba ahí. De pronto ese bulto que estaba en la cama de la joven, se movió. La muchacha no sabía qué ocurría, debido a que ella vivía sola y no recordaba haber dormido con nadie. El bulto de la cama roncaba ferozmente y mugía algunas palabras, por un rato se quedó en silencio y una flatulencia fue la que delató que seguía con vida.
La muchacha esbelta, fue acercando más a la cama para averiguar quién estaba en ella. Cuando se acercó lo suficiente, movió la cobija y destapó a esa persona, únicamente vio su cara, pero esto le bastó para llevarse las manos a su boca y se dio cuenta que esa persona que dormía con tanta placidez era ella misma. Era ella en su antigua versión, era la gorda que tenía años sin un novio, a la que el amor le imponía sus implacables condiciones, era la que tenía años con el apodo de “la redonda”, años a dieta sin conseguirlo nada, años en que la juzgaron por ese cuerpo y no por otra cualidad, años de dolor y odio a su cuerpo, años que se la pasó en búsqueda de otro cuerpo sin nunca haber obtenido resultados hasta esa noche.
La redonda, seguía dormida y sus ronquidos no cesaron ni un sólo minuto, pero la joven esbelta había quedado pasmada con esa revelación. Por lo tanto ella se sentía a gusto como estaba. De antemano no sabía si aquello era un sueño, una mala broma o cosa de brujería, pero lo que si palpaba era que por una sola vez en su vida era bella, esbelta y feliz. No esperó a que el otro adefesio despertara, no quiso saber qué estaba ocurriendo, ni mucho menos dialogar con ese bodrio, estaba decidida a no desaprovechar esa segunda oportunidad tan maravillosa que le habían dado a su cuerpo, así que, tomó su bolso, la llaves de su coche y bajó por las escaleras, dejando esos kilos de más en su cama.

07 diciembre 2008

Sin tanto pedo aquí va un cuento (Marri, thanks for the tip´s)

La con / secuencia de un asalto
Néstor Adame Santos
“Esto no es una ciudad
porque aquí el perro y la
zorra son los inspectores.”
Proverbio sumerio.

Doña Cleta acababa de dejar las puertas de abiertas, para que se pudiera colar el aire y así la ropa que estaba lavando quedara totalmente seca. La señora era la portera de esa antigua vecindad, en la que no pasaban cosas mayores; hasta esa mañana, cuando vio a aquellos dos hombres entrar a toda prisa a la vecindad. Uno de ellos llevaba su camisa manchada de sangre que le brotaba de alguna herida superior, el otro le ayudaba a mantenerse en pie y también era victima de las abundantes manchas rojas que su compinche le había dejado. Los dos ya estaban en el zaguán del vecindario y sin pedir permiso, fueron al lavadero que momentos antes ocupaba doña Cleta ―quien se había quedado inmóvil por la intromisión de estos tipos. Uno nunca sabe qué es lo que la sangre traiga consigo― se limpiaban las manchas de sangre que les quedaba por todo el cuerpo. Los sospechosos empezaron a recriminarse algunos detalles que no habían resuelto.
―“Sí, agüevo, no hay pedo, compadre, mi amigo el poli está arreglado.” ¡Verdad cabrón! Puro pinche pedo el tuyo, ¿No que no nos iba a pasar nada? ¿Eh? Todos estos años y nunca has aprendió a amarrar un buen atraco. No vales madre, maestro, ya ves cómo me jodieron.
―No, no me vengas a chingar, todo estaba arreglado, tú mismo lo viste, nomás que siempre te quieres lucir y hacer pendejadas que no están planeadas. Por eso nos chingaron. Por eso te pasó lo que te pasó, por fantoche.
―¿Y ahora qué? ¿Pá dónde arrancamos? Yo necesito que me vea un doctor, no puedo ir tan lejos con este agujerote que tengo.
―Sí, tú, ¿Y que nos tuerzan los negros cuando te vea el doctor? ¿Qué te empiecen a preguntar hasta el nombre de tu perro? ¿Qué te saquen toda la sopa y me des en la madre a mí? ¿Qué me metan otra vez al bote? No, cabrón, eso sí que no. Ahora se aguanta, por pendejo. Ahorita te hago un amarre en ese cariñito que te hicieron, nos repartimos la ganancia y fuga. Era como habíamos quedado, ¿qué no?
―No seas hijo de la chingada, Brujo… yo tengo que…
―¡Ni madres, cabrón, ya te dije! ¡Te aguantas y punto! Aparte, tú fuiste el que empezó todo el desmadre.
―No es cierto, qué no te diste cuenta que tu “amigo” el pinche chota, aventó el primer plomazo, yo lo que hice fue de pura inercia.
―Pero, cabrón, ya te había dicho que ese no era el plan, el poli estaba de nuestro lado, el fuscaso fue parte del show, como tú dijiste, no tenías que armarla de pedo, era las señal para correr. Y ahora ya son dos pedos: uno el atraco y el otro el José, ojala y no se lo haya cargado el payaso. Por eso ni madre que voy al hospital.
―¿Sí eso lo que te duele verdad, cabrón? El puto del José.
―Ya no sigas chingando y a ver, déjame te veo la herida.

―Mira mi Brujo, lo que me encontré. Un revolver calibre 36, me lo van a prestar, pá la misión y aparte anda cargada de plomo pá quien nos quiera dar guerra.
―No hace falta una madre de esas. Ya te dije que no la vamos a usar. Ni mucho menos nos van a dar guerra, siempre quieres hacer tus pendejadas. Acuérdate que yo me encargo de todo, tú nomás vas de bulto.
―No, tampoco mames, sin mí no te aventarías el trabajo, si fui yo el que te trajo nuevamente a las andadas, ¿Qué no te acuerdas, compi?
Oscar era el encargado de la utilería en todos los trabajos que hacía con el Brujo, aunque las herramientas para su trabajo no eran más que: pasamontañas, guantes, mochilas, chaquetas negras, navajas multiusos y esta vez había dado el su mayor paso, adquirió una pistola. Mientras el viejo Brujo, era el ex convicto que trazaba los asuntos y planes de los trabajos. Él decía: “Mira a esa señora hablando por celular, no le dio limosna a la viejita, se ve que tiene lana, pero se ve que es cabrona, a ella no. Ahora checa a la doña aquella, no se ve que traiga mucho dinero en su bolsa, pero se me hace que no la hace de pedo. ¡Sobres de ella!” Él elegía los trabajos y los trabajados.
Pero esta vez el Brujo había sido más exigente, y no era para menos, ya que los dos compañeros habían tenido una buena racha asaltando transeúntes, ancianos, empacadores y una que otra tienda nocturna. Adquiriendo en todo esto un botín un tanto miserable. Eran buenos en su labor, pero les hacía falta presas con más solvencia económica.

―Ya estoy hasta la madre de andar asaltando cerillos, Brujo, ¿tú, no?
―Sí, esos pinches lepes no son buen negocio. Traigo una trampa desde un rato atrás, pero no sé si se haga. Tengo que checarlo bien con un contacto que ando trabajando
―¿Y, qué es, tú?
―Después te digo. Vamos a darnos una vuelta por “El Chamacas.”
―¿Por “El Chamacas”? Que fea maña la tuya de ir ahí.
Los territorios que frecuentaban esta pareja, eran lugares coherentes a sus costumbres. Visitaban cantinas de mala facha, prostíbulos que parecían arenas de box, salones de baile tropical y uno que otro bar de travestis. Fue precisamente en un bar como tal que el Brujo conoció a una excéntrica persona llamado Jeisy, quien por las noches era una despampanante pelirroja con piernas torneadas y cara de prostituta vieja. Pero en el día era José, un mal encarado guardia de seguridad de una prestigiosa joyería que se ubicaba en el centro comercial sur de la ciudad.
―¿Entonces qué onda, chula? ¿Cómo ves lo que te dije? Por la lana no te apures, vamos por partes iguales―Le dijo el Brujo al travesti que acompañaba a los dos futuros asaltantes en una mesa del bar.
―Es un buen plan, pero yo no tengo nada qué ver con el guardia de la entrada principal. Mejor por qué no entrar al centro comercial, se hacen pendejos un rato por ahí, van al baño y yo, Brujito, te mando un mensaje cuando el guardia de la entrada se descuide. Siempre deja el puesto un rato, no sé a qué horas ni cómo pero siempre se distrae.
―¿Y por qué no lo invitas a que te venga a ver acá, le das unos mamelucos, como al Brujo, y lo convences de que no se de chanza? ―Dijo Oscar en un tono sarcástico, ya que él siempre se mostraba molesto cada vez que frecuentaban el lugar.
―¿Está celosa tu muñeca, Brujo? ―Mencionó Jeisy quien tenía más habilidad y fuerza que Oscar.
―Tranquilos los dos, cabrones. Vamos a trabajar juntos y no quiero pedos. Bueno, como tú dices me parece, entonces, ¿estamos de acuerdo que así sea?
Oscar interrumpió: ―Solamente un detalle no me queda muy claro. ¿Qué no se verá muy actuado que entremos a la joyería, le damos un cachazo en la cabeza a la reina, después se va a donde le gusta, al suelo. En eso yo amenazó a la gente con la pistola, y tu Brujo recoges la mercancía. Salimos del lugar, sin pedo y se acabó? ¿Qué no se ve muy fácil?
―Pues así es como lo planee, Oscar, fácil.
―Pero, si a la dama aquí presente, le proporcionan su equipo de defensa, ¿Por qué no defenderse? ¿Por qué no abrir fuego?

―¡Esto es un pinche asalto, culeros. Todos al suelo, al primero que se quiera pasar de tostado me lo chingo. Al suelo marrana, tírate al suelo y deja de estar berreando! ―Oscar gritaba y se desenvolvía con una claridad tan nata en todo lo que estaba haciendo. Amenazaba a las personas, golpeaba algunas, les gritaba con violencia, la cual había quedado demostrada momentos antes con el cachazo en la cabeza que le había propinado a José, ―¡Chinga tu madre, maricón!― quien fingía estar inconsciente, pero en verdad sí se dolía del golpe. El Brujo quebraba las vitrinas de la joyería con un tubo y mezclaba los metales con el vidrio, ya que todo esto iba a parar a una enorme mochila que traía consigo. No dejó ningún aparador sin quebrar, y cuándo no le cupo más a su maleta, poco a poco se acercaba a su compañero, para dejar el lugar.

Cuando los policías observaron los videos que fueron captados por la cámara de seguridad del local, sólo pudieron detectar a dos tipos vestidos de negros con pasamontañas del mismo color. En el video se observaba cómo los ladrones amedrentaban a los clientes y empleados que se cruzaban por su camino. Después de 44 segundos que fue lo que transcurrió el atraco, los asaltantes se acercaban lentamente a la puerta de salida, pero fue en ese momento que el guardia, vuelve en sí, saca su pistola y dispara dos veces hacia adelante. La casualidad fue que sólo un disparo alcanzó su cometido y otro salió a la nada, debido a la cercanía con la que se encontraban ―Policía y ladrones― no daba ángulo para poder preparar un nuevo disparo. El ratero que traía consigo la pistola sí pudo dispararle al guardián quien se encontraba recostado en el suelo. El impacto fue tan consistente que dejó desangrándose hasta la muerte al guardia. Lo último que se pudo observar en el video fueron a los secuaces escapando, mal heridos, del lugar.

Doña Cleta había preparado vendas y gasas, para que cubrieran la herida de Oscar, la cual había sido lavada y desinfectada. Oscar seguía perdiendo sangre, pero lo reconfortó ver el alcohol y las vendas que doña Cleta les proporcionó.
―Andeles, muchachos, ya llegó su taxi.
―Muchas gracias por todo, Cleta. Usted no vio nada y no sabe nada. Adiós. ―El Brujo abrió su mochila y le entregó un par de metales a la señora que se mostraba fascinada por el regalo.― Una última cosa, no se ponga nada ni venda nada dentro de un rato, ya que pase un tiempo lo hace, pero mientras no.
Oscar se despidió con una breve mueca y ayudado por su amigo, salieron de la vecindad, subieron al carro e irían a tomarse unas merecidas vacaciones.

15 octubre 2008

Continuamos en la lucha

En el quersoneso de los Ripios existió en estos últimos meses, lo que le ocurre a toda comunidad que es contaminada con los suvenires de la civilización. En la península ocurrieron: rebeliones, golpes de agujeros, persecuciones, exiliados, sublevados, fugas de cerebros, asesinatos, violaciones y mutilaciones. Las cosas no mejoran, pero tampoco están como hace tiempo, es por eso la ausencia de Ripios que nos narraran sus experiencias. Antes de su fuga a otro agujero, un Ripio sacó de sus Archivos Expiatorios esta historia que les comunico. Mensaje: el formato del blog sigue su curso, historia que lean, historia que desechan. Voy de vuelta a la caverna. Seguiremos informando.


De los Archivos Expiatorios


(Sin recuerdos)


La figura de ese señor era desgarbada, lo hacía ver más sucio aquella lluvia incesante que le caía. Con esas botas y su ropa, parecía un mercante más del muelle uno en el que se encontraba esperando. Su barba crecida y su aspecto iracundo eran los de una persona a la que le han asesinado una vida que estaba resguardada por: una mujer hogareña, la cual fue mancillada con una soga letal que perforó la integridad de su cuello, sin haber dejado rastro de quién hubiera sido el malhechor, para después terminar en el lago del mismo muelle en el que su esposo, en estos momentos, estaba bajo la lluvia. El asesinato había ocurrido hace ya dos meses. En un miércoles 22, a las 22 horas.
Al mes siguiente, sin haber curado la pena y sin que las autoridades hubieran percibido algún indicio, el hijo preescolar y único de este señor, le siguió los pasos a su madre. Según las averiguaciones, también había sido arrojado al muelle uno y fue victima de una sutil soga. La fecha: un sábado 22 a las 22 horas.
Era lunes 22, del tercer mes desde que la mujer del desgarbado había muerto. Miró su reloj, la hora: las 21:30. Después que los protocolos forenses continuaban, él decidió hacer sus propias conclusiones, con lo simple del asunto, él sería el próximo en la lista del asesino, pero, ¿Por qué su familia y ahora él? Dios sabe, habiendo tanto demente en este mundo el desgarbado era un caso más del infortunio del azar. Según sus cálculos él en media hora iba a morir. ¿Con qué instrumento? con una soga ¿Su cuerpo?, sería arrojado al lago. Pero él quería cambiar su historia, quería venganza. Sin ya nada más qué perder estaba preparado para recibir al asesino y mutilarlo con toda el rencor que se había embrionado en sus entrañas. No se pudo aguantar las ganas y gritó al aire.
―Ven por mí, cumple con tu cometido, termina con tu demente tarea.
El reloj transcurrió. Las 22:45, el desgarbado estaba alerta. En eso, una silueta se acercaba a él, desde lo profundo de la neblina una figura abultada se aproximaba al desgarbado. Aquí viene el maldito. Es muy grande, por eso Erika y Julián no pudieron hacer nada. El desgarbado seguía de pie en el muelle, y decidió terminar su cometido. Llevó su mano a su gabardina para sacar una bereta 9mm que tenía preparada para encañonar al asesino quien se acercaba poco a poco hacia el muelle, no se observaba el rostro, pero sí se veía que arrastraba una pesada cadena. Es demasiado tonto para acercarse de ese modo. Ya vi su instrumento, pero si ahora ha decidió hacerlo con una cadena.
El desgarbado no pudo contenerse más y volvió a gritar: ―¡Hijo de perra, me has arruinado la vida, ahora te voy a mandar al infierno!― Cuando su mano estuvo en la bolsa de su saco y buscaba el mango de la pistola, no sintió nada, buscaba con suma excitación en todos sus bolsos y no encontró el arma, lo que sí palpó fue un pedazo rasposo. Rápidamente sacó esa soga que estaba teñida con vestigios de sangre seca.
―Amigo, ¿le puedo ayudar en algo? ―dijo el gordo que se acercó al desgarbado, quien seguía viendo la soga y la llevó a su nariz.
―¿Amigo, se encuentra bien?... Es peligroso que ande por aquí.
El desgarbado miró al robusto y no dijo nada. Seguía anonadado, fue entonces cuando recordó todo. Él era otro en ese momento, era un ser múltiple, tenía dos o más facetas de vida, y cometía crímenes tan perfectos en ese estado de inconsciencia que apenas los estaba descubriendo. Por fin comprendía varias cosas, pero en ese silencio, alcanzó a secar dos lágrimas sordas que empezaban a brotarle y colocó la soga en su cuello, le hizo un severo amarre que lo cerró la entrada al aire, siguió ahorcándose hasta que cesaron sus fuerzas. Cuando el gordo decidió auxiliarlo, el desgarbado tenía que terminar con su demente tarea que se había propuesto, aunque ahora se encontraba en estado consiente, de otra manera no hubiera podido arrojarse a las profundidades de ese lago de muerte.

09 julio 2008

La Atlántida, cantada por King Crimson

Como bien hemos oído hablar de esta mítica isla, siempre queda esa duda de saber si existió en verdad o no. Pero como ya ha ocurrido con otros ejemplos que la literatura se encarga de llevar a la realidad hechos o lugares que tanto nos hablan de su existencia que no sabemos si en verdad existen, existieron, pasan o pasaron. Como el centro de la tierra que Verne mencionaba en sus obras o todas las galaxias que Asimov nos hacía creer que estaban ahí, en el altiplano del universo. Pero en cuanto a la Atlántida, es el filósofo Platón quien en sus diálogos de Timeo y el Critias, el primero que menciona la existencia de la isla, posteriormente otros autores hablarían de ella, tanto que llegó a la memoria colectiva y la creó en todo más que un mito.

Es por eso que aquí en este video de otro mito de banda, King Crimson, nos muestran un recorrido por los lugares que ostentaron a esta isla. Esta banda, que son para mi gusto, los maestros del genero progresivo nos presentan en esta pieza memorable “Court of the Crimson King” que no es precisamente el video original de la canción, pero las imágenes que aparecen en el clip, nos dan un recorrido demasiado gráfico por esta isla de la duda.

Disfruten el video.



Gracias al Rey que nos enseñó a imaginar por medio de la lectura


Para muchos este texto fue el primero que nos adentró en al magno mundo de la imaginación a través de la vista, texto que en aquellos tiempos empezamos leyendo obligadamente y conforme avanzaba la lectura, más nos íbamos enamorando de ese pequeñito, pero majestuoso libro.

Lo que nos hace reflexionar, es que a estas alturas, es demasiado triste ver cómo, muchos de los que en nuestra niñez leímos esta obra, hemos traicionado, inevitablemente, la filosofía principal del Principito. No porque hayamos querido, sino más bien porque con el paso de los años hemos crecido y por ende, hemos visto las cosas de otro modo, más analítico, más materialista, más solemne, más ingrato y sin lugar a dudas, más apresurado por nuestro devenir.

Y esto es nada más y nada menos, lo opuesto que observamos en El Principito, ya que en el libro la mayoría de los seres humanos al convertirse en adultos se transforman en seres detestables y estúpidos, y eso es, en ocasiones en lo que muchos de nosotros nos hemos ido convertido, todo gracias al impostergable devenir de nuestro ser.

Así que los invito para que en este mes que se conmemora un año más de la muerte de Antoine de Saint-Exupéry, el mismo Rey del Asteroide B612, y quien fuera padre del Principito; para volver a sumergirnos en ese universo que nos dejó plantado en su más célebre obra. Como también es muy buen motivo para volver a sentir en nuestra imaginación a ese niño que se nos oculta en los laberintos de la memoria y que por momentos se nos olvida que un día ese niño existió y vivía en este cuerpo y tomaba las decisiones por nosotros, parecía que también él hacía las cosas mejor que las hacemos nosotros hoy.


*Semblanza del autor:

Antoine de Saint-Exupéry, el autor de El Principito, fue un aviador y literato francés que sólo vivió escasos 44 años. Nació en Lyon, en 1900 y falleció en 1944.
En realidad, nunca se supo que ocurrió con él. Saint-Exupéry desapareció para siempre en una misión de reconocimiento, cuando sobrevolaba la Francia ocupada por los nazis, durante la Segunda Guerra Mundial. Saint-Exupéry comenzó escribiendo en prosa lírica vivencias de carácter novelesco y, posteriormente, continuó con diarios, informes y cartas.

Sus textos son consecuencia de reflexiones profundas de índole humanista y de crítica a la cultura. Entre sus novelas sobresalen Vuelo nocturno y El correo del sur. Pero su obra más famosa y por la que ha trascendido es El Principito, un cuento largo que en formato de libro ha batido récords de venta en el mundo y en todos los idiomas desde 1943, año en que se publicó por primera vez en francés. El Principito es su obra cúlmine. En sus páginas se evocan -de manera sencilla y clara- los valores más arraigados y esenciales del humanismo, donde quedan de manifiesto la solidaridad, bondad, entereza, tenacidad, compañerismo y entusiasmo por el conocimiento. El libro es un símbolo de búsqueda permanente del hombre, de aquellos principios que enriquecen el espíritu y que traen paz infinita al alma.



08 julio 2008

Saliendo de los agujeros a respirar un poco debido a la risa.

Estábamos un Ripio demasiado peculiar y yo sentados al borde de un agujero, y él empezó a contarme algunas de sus historias. Después se atrevió a contarme un pequeño chiste que en ese momento acababa de inventar. Yo después de haberlo oído, salí disparado de la risa hacia el exterior. Es por eso que estoy aquí y aprovechando que ando por acá, se los contaré.


Resulta, que eran dos moscas que paseaban por la ciudad en busca de alimento, bajaron un poco su vuelo y percibieron que cerca de unos departamentos había un depósito de basura, un buen lugar para encontrar algo ―pensaron―. Cuando iban bajando y estaban por introducirse a un bote de basura, una mosca encontró su alimento favorito tirado a un lado él.

―Mira lo que está allá más abajo, ¡Nuestro platillo favorito. ―Dijo el bicho a su amigo.

Ese platillo favorito era un excremento de perro que estaba recién salido del horno. Las dos moscas se postraron en ese suculento manjar y empezaron a comer desesperadamente, ya que el hambre que habían albergado era demasiado atroz. Y en ese preciso momento una mosca levanta ligeramente una frágil patita y suelta una flatulencia, esto fue motivo para que su compañero le dijese:

―¡No chingues culera, no seas marrana, estamos comiendo!

Es por ese motivo que salí, ahora, regreso nuevamente al agujero.


27 junio 2008

El Ripio silente de vista

En las oscuridades de los agujeros es difícil encontrar un señuelo de luz, pero cuando se cierra la pupila, ocurre algo diferente. Las manchas que penetran en los ojos nos atraen vestigios y figuras de colores, que nospermiten imaginar con el mundo visible. Es lo único, es la posibilidad de luz que podemos tener. Así que un Ripio silente de vista llegó hasta aquí y nos relató su experiencia. Como todos ya lo saben, desechen inmediatamente este texto. También a este Ripio que les habla y a quien nos narra su historia.
Entonces, cuando vuela a salir otro Ripio, les traeré su historia. Nos vemos. Vuelvo al agujero.



Oscilación



¿Ves? Ves ese cuchillo que pasa suave por tu epidermis,
hay luz todavía en esta cerrazón de cielos. Como la vida
de un silbido que nace y muere rápidamente,
así se apagó la última vela.

Ya puede correr libre la sangre, al fin se enlutó la llama.

En este nistagmo de la noche, en esas noches tan longevas que me atacan; esas son quien le prohíben a mi tacto tocar lo que toco, le dan una oscilación a mi sentido;
porque si siento el vidrio, no es, son dientecillos de peces,
porque si siento el fuego, no es, es un labio que traiciona,
porque si siento un rostro, no es, es otra especie de mentira.
No toco lo que toco.
Pero siento lo que lloro.

No hay razón para entender esto, no la hay,
es como ese cambio en los ojos, que marean en los sueños

El perro tocó fuerte en mi puerta, yo le abrí dejándole pasar, él platicaba conmigo algo que había quedado pendiente en su visita anterior; díjome también que estaba más temprano que de costumbre porque así lo habíamos acordado. —pronto—, me dijo, toma el cuchillo y quítate la piel y echémosla a las brasas, porque él no veía otra cosa que pudiéramos comer. Lo hice.
Por supuesto, el perro seguía en sus dos extremidades.

Definitivamente no existe razón en esto.

Ya estando, en el bullicio de una cantina,
tomé un sorbo de alcohol y mi cuerpo pesó diez otros más, cayó despedazando el pavimento, solo una neurona perdí; y tu madre de buena figura, no la otra, seguía dejando que yo le agasajara sus piernas y muslos con mis manos que tenían restos de lardos, ese que se nos queda en las orillas de los dedos, todo delante de ti niña aún, que mueves furiosa tu globo de cabeza calavera, y te la pasas blasfemándole al suelo por no dejar que caigas más allá de él.

Si le pudiera encontrar un sentido a esto, dime cuál es.

Uno se mueve tan lento aquí, no es mucho tiempo en que el eco de agua que mueve es inmenso, no le veo el fin a esto. ¡No! otra vez me encuentro en el mar, en donde es preciso tener la pupila en el borde del agua; una mitad de ojo mirando abajo del inmenso piélago y la restante dejarla para que el aire la juzgue; y así uno ya es libre de elegir en que lado quiere vivir. Se ve también a ese ejercito de hormigas que vinieron a suplir a los peces por todo el fondo, hormigas de agua, millones de ellas, entonces, ya no será pesca a la que nos metamos al mar en esas noches calurosas, y ahora, ¿cómo se llamará?

Ya no debería pedir un sentido a esto porque no lo hay, pero tengo esperanza, cuál, cuál es.

Y la pupila se dilata cada vez más rápido, y el sueño se demora cada vez más, pero creo que ya. Sí,
aquí lo veo venir, es él, espero que mejore
mis visiones, si es, es el manto del sueño, por fin.
Pronto, a duras penas se llegó
la hora de dormir y no
creo que el sueño me
venga a presentar
cosas peores,
y espero que
el sueño sea
mejor
que
esto,
mejor
que
esto.

Mejor
que
aquello.