13 noviembre 2009

Tomado de: "La ruta del Zancudo."




Sincronicidad
Néstor Adame Santos


<<Hay una cosa confusamente formada

anterior al Cielo y a la Tierra.

¡Silenciosa, ilimitada! De nada depende y

no sufre mudanza, gira y retorna sin descanso;

puede ser tenida por madre del mundo.

Su nombre desconozco. >>

Lao Tse


Decisiones con grandes consecuencias.>>

Herman Brusselmans




Que día para ser mi cumpleaños, pensó. Ya estaba por terminar y no había ocurrido nada. Había sido un martes cualquiera: comer, recibir las felicitaciones familiares, bañarse, prepararse para su encuentro, ir a la escuela y seguir su búsqueda. Aunque se estaba rindiendo antes de tiempo. Lo peor era con lo que lidiaba en ese momento. “Ni en el día de mi cumpleaños puedo viajar decentemente.”, “Y… Se me hace que fue puro cuento y teatro eso de la predicción.” Casi daban las nueve de la noche pero seguía confiando en que pasaría algo, debido a que era muy dado a ese tipo de detalles, confiaba en: la suerte, santos, profecías, azar, astros e incluso, les creía a algunas cadenas de Internet. “Ahora sí me hicieron pendejo.”
En el parabús había suficiente gente para llenar el camión. Éste llegó y el joven les cedió el paso a todas las señoras que se le adelantaron. Cuando iba a subir, casi lo arrolla otra muchacha más joven que él quien pasó a su lado. Esperó a pagar su tarifa. No buscaba lugar, ya sabía en cuál sentarse. En el asiento de la muchacha cabía alguien más. Se acercó…
―Está ocupado. ―Dijo la joven enseñando su metálica dentadura color azul.
―Disculpe.
Buscó otro y lo encontró hasta el fondo. Desde que la joven tropezó con él, a Samuel le despertó una deducible curiosidad. Aquello era algo atrayente, él lo sabía y lo sentía. Ahora lo que ocurriera dependía de él. El destino ya había hecho su parte. Parecía que la predicción se estaba cumpliendo.
Samuel, acomodó su teléfono y trató de tomar un video. Buscaba el mejor perfil de aquella aparición. “Sin duda es ella. Claro, le gusta la música. Aparte, viste de negro. ”


“No puede ser real, no fue más que una simple coincidencia. O una de esas cosas que dicen que sueñas y después vives, no es nada más que eso, un Déjà Vu, sí eso” ―No se daba cuenta por dónde iba y tropezaba con charcos de agua, bolsas de basura, pateaba envases, etc. Toda la tarde en la facultad no pudo pensar en otra más que en la misma.
Lo que quería era volver a su casa y conectarse a Internet. Necesitaba hablar con él, contarle todo y suplicarle que se regresara. No podían seguir separados.
Cuando iba llegando al parabus, vio que el camión estaba subiendo pasaje, aceleró su marcha para llegar. Por poco y atropella a un muchacho que se preparaba a subir. Pagó su tarifa y tomó asiento. “Pero sí es el mismo camión en el cual me subí en la tarde. Esto, ya es demasiado. Hoy ya no estoy para aguantando otra de éstas.” Volteaba para todos lados y trataba de ver si la encontraba, a ver si le volvía a lanzar otro beso. En eso el joven que por poco arrollaba le pregunta si se puede sentar a un lado. Si en la facultad no le hablaba a nadie, menos a un extraño. Seguía buscando a la señora y averiguar de qué se trataba todo.


―¡Bajan! ¡Bajan!... ¿Qué no oye?
―Sí… ya, ya oí…
―Ay, nombre señor, qué bárbaro, viene echando lumbre, ¿Qué no puede manejar más despacio? Ni bajarse puede una donde viene tan recio.
―Pos ahí perdone, seño.
La señora y otras dos más bajaron del camión y los reclamos siguieron hasta que abandonaron la unidad. Arriba el chofer cerró de mala gana la cortina metálica.
El señor manejó igual de rápido para llegar a su siguiente parada donde tardó debido al pasaje que subió. Se fijaba en su reloj y le faltaban diez minutos para terminar su turno.
“Rápido, rápido, rápido. Tengo que llegar a la hora si no me la hacen de pedo. También tengo que ir a ver cómo siguió la ruca.”
Subieron todos al camión. El chofer se fijó que estuvieran en su lugar y empezó su marcha. El camión llevaba más prisa. Atravesó dos avenidas grandes a esa velocidad. Se fijó en su reloj: 8:54, “Se me hace que no llego.” Pasó de largo la siguiente parada.
―Eh, señor, le vengo gritando que bajan.
―A la siguiente.
―No, cómo que a la siguiente, yo me iba a bajar en esa. ¡Pinche, cabrón!
―Eh, tranquilo, mi buen. Ya le dije que a la siguiente… y siéntese.
―De a perdido bájale, maestro, vas a rajamadres.
―Sí, ya lo oí.
―Pos ni parece, pinche irresponsable.
―¡Oh que la chingada!
El semáforo estaba en amarillo, seguro y el camión hubiera logrado pasar. Con lo que no contó fue con la sincronicidad de los acontecimientos. De cómo éstos se fueran alineando de tal manera que no sobró ni faltó un segundo.
Cuando el camión cruzaba el semáforo, un taxi venía del lado contrario y quedó a la merced del camión quien embistió al automóvil en toda su parte derecha. Debido a la velocidad que llevaba el camión, arrastró algunos metros más al coche por toda la calle, hasta que el taxi encontró una pared para poder detenerse. Así fue como el camión, del segundo impacto, se hiciera a un lado y se arrastrara de lleno por todo el pavimento.
En el camión había heridos, la misma volcadura provocó que algunas personas se salieran por las ventanas, otras se golpearon en los tubos de los asientos, unos cuantos estaban prensadas y los que habían resultado ilesos ayudaban hasta donde podían. El chofer había sido el más ileso de todos.
El joven que se quedó solo en el asiento, lo único que perdió fue su celular. Los raspones que traía en su frente no impidieron que tratara de buscar a la muchacha de su predicción. Mientras más avanzaba, la gente le pedía ayuda, él lo hacía. Cuando llegó a donde se suponía estaba la joven, no encontró más que un reproductor de música en el suelo. Miraba para todos lados, recorrió el camión de atrás hacia delante, buscó debajo de los sillones y nada. Cuando terminó todo y los cuerpos de rescate invadieron el lugar, el joven preguntó por los demás pasajeros y fue cuando se dio cuenta que la muchacha había sido uno de los que se extraviaron. Ella había salido disparada por una ventana y quedó estrellado en el pavimento. Su cuerpo quedó inerte, todo aquello sucedió debido a que se golpeó primero con el cristal, segundo, las fracturas que sufrió cuando chocó con el pavimento y tercero una pequeña agonía de verse desangrar sin recibir ayuda. El joven quería verla pero el cuerpo de la muchacha estaba cubierto por una bolsa que pertenecía al servicio médico forense.
En el taxi parecía no haber mucho movimiento. La peor parte se la habían llevado ellos. La gente que pasaba por el lugar trataba de darles auxilio.
Lo mismo hacían en el camión, pero era más difícil ya que se encontraba de lado.
El chofer fue el primero en sacar a una señora del camión, se la colocó en sus hombros y escaló hasta salir. Afuera, varios curiosos entraron para hacer lo mismo. El chofer se quedó un rato sentado en la calle y miraba todo el caos que se había formado. Fue a observar qué o a quién había impactado, ya que con lo rápido de lo ocurrido no le dio tiempo de ver nada. Más atrás estaba un taxi estrellado con un muro de una casa. El chofer se acercó y vio a las victimas del taxi. Una de ellas estaba inconciente, a otra se le desprendían ciertos tejidos que no tenían forma. Cuando el chofer se dio cuenta de lo qué era, no pudo soltar ese grito que se le había enmudecido en la garganta.


―Ay, por favor, señor, ya no aguanto el dolor. Si pudiera ir más rápido.
―Hago todo lo que puedo señora.
―Tranquila comadre, ya estamos por llegar.
―Ay, sí, Mari, pero ya no aguanto, siento que voy a estallar aquí mismo.
El taxi esquivaba varios carros y se le adelantaba a otros. Cuando tu comadre habló a la central, les dijo que por favor mandaran al chofer más veloz y al que estuviera más cerca.
Lo que te había atacado no era un simple dolor y sabías que no era uno de simulacro. No, esos eran los terribles dolores de parto y en ese preciso momento estabas a escasos minutos de dar a luz. Te aguantaste demasiado en tu casa, hasta que no pudiste. Por suerte tu comadre te encontró en el camino. El dolor era tan incesante. Cuando el chofer escuchó esos gritos redobló el paso y aceleró todo lo que pudo su Tsuru.
Tus gritos cesaron cuando aquel camión, que viste en una fracción de segundo, impactó al taxi en el que ibas y… lo demás, lo demás ya lo sabemos.
Para que te quede más claro, te informo que las victimas fallecieron de la siguiente manera: el conductor fue el último que murió, permaneciendo dos días en el hospital y ahí un derrame cerebral terminó con él. Tu comadre, murió en ese mismo instante que su cuerpo quedó prensado con la pared y los metales del automóvil. Y tú, seguiste sufriendo más de lo que ya venías, en ese trayecto desde el lugar del accidente hasta el hospital. La verdad no sé en que momento moriste; quizá ni tú misma alcanzaste a registrar tus últimos segundos… porque ¿Sabrá un cuerpo cuándo se deja de existir? No lo sé, sólo tú me pudieras responder. Lo que seguro no sabes, es que ese producto que llevabas en tu interior, lamento decirte que también murió. ¿Él habrá sabido que existió siquiera? Existió en tu vientre, pero ¿En este mundo? Bueno… basta. Lo único que puedo desearte es un ―sonará irónico― feliz viaje.


Después de haber cerrado sesión, apagó su computadora. Antes de eso ya se había despidió por enésima vez de su novio:

Pau dice:
Hasta mañana, mi vida, cuídateme mucho. Y has todo lo posible por regresarte, si?

I need your lovin' like the sunshine dice:
Claro, chiquita, todo es cuestión de tiempo nomás. Ya falta menos, preciosa. Tú también cuídate bastante. Te amo, corazón.

Pau dice:
Bye…Yo te amooooo más.

I need your lovin' like the sunshine dice:
Adiós.
Pau, acomodó las cosas que iba a utilizar al día siguiente para el trabajo y se acostó.
Ella tenía que quedarse. Él tuvo que irse, le habían diagnosticado un tumor que le evolucionó en una hernia mal cuidada. Se fue un domingo solamente a consultar: “No te apures, para el martes ya estoy por acá.” Ese mismo martes lo estaban metiendo al quirófano. La operación salió bien, lo que le alargó el reposó fue la infección que sufrió su herida.
Mientras tanto, su novia, estaba sola en una ciudad que no conocía, con gente a la que apenas le hablaba y sin el apoyo de su familia.
―Sí te quieres ir a estudiar con Fernando, necesitas casarte con él.
―Ay, por favor mamá. Con o sin el apoyo de ustedes yo me voy a ir a estudiar con él, ¿okey? Ya estoy lo suficientemente grande. Nos vemos.
Ahora se arrepentía de ello, tenía que aguantar esa soledad y esa deriva en la que se encontraba. Había pasado otro mal día. Su único escape, era el trabajo y seguir estudiando. A veces lograba ver a su novio, pero eso sólo pasaba en sus sueños.

[Acto único en la sin, cronicidad (en un subconsciente)

<

it´s me but you know I know when it´s a dream.

I think I know I mean a "yes" but is all wrong, that is

I think I disagree.

Let me take you down

down 'cos I'm going to Strawberry Fields,
nothing is real, and nothing to get hungabout
Strawberry Fields forever.>>

John Lennon



Personajes:
Paula
Fernando
Un paletero
Desconocidos que pasan por la calle
Paula de anciana.

El cielo está en bipolaridad, a la mitad nublado y la otra soleada. Calle empedrada de cualquier pueblo colonial de México. Al fondo se ven casas pintadas de colores vivos, más hacia el fondo las torres de una Catedral. Paula fuma un cigarro y mira el reloj. Entra Fernando.

Paula (Hace una mueca de enojo y se dirige a Fernando que entra a toda prisa)
― Hasta que se apareció el muchacho. Pensé que me habías dejado plantada.
Fernando (Agitado) ― El tráfico. A esta hora hay un chingo de gente queriendo dormirse.
Paula (A quien le cambia el humor y agarra de la mano a Fernando y empieza a caminar hacia el fondo del escenario) ― Mira, ¿te acuerdas de esta calle?
Fernando ― Sí, aquí fue donde nos comimos unas tunas.
Paula ― Pero si tú no comes tunas.
Fernando ― Pero tú las habías comprado.
Paula ― ¿Y qué?
Fernando ― Pues quería quedar bien.
Paula ― Hijole, ya te voy conociendo.

Siguen caminando. Platican cosas que habían quedado pendientes la cita pasada. Se alejan poco a poco. De un plano nuevo se ve que vienen de frente. Van hacia Catedral.
Paula ― No me digas que vamos a Catedral.
Fernando ―¿Qué tiene de malo?
Paula ― Pues que tú eres ateo y yo no soy católica.
Fernando (Fernando se detiene y vacía sus bolsillos, de ellos salen dos palomillas blancas) ― Pero , pos… ¿a dónde más vámos? No traigo dinero.
Paula (Hace una mueca. Se rasca la cabeza. Cada vez que se rasca le cambia el color del cabello: rojo, negro, rubio, verde, morado, castaño, color arcoiris) ― No, sé…
Fernando (Está entretenido con el cabello de Paula) ― ¡Ése! ¡Déjate ése! El color arcoiris.
Paula (Sorprendida) ―¿De qué estás hablando?
Fernando ― De tu cabello.
Paula ― No, amor, déjate de eso ¿A dónde vamos?
Fernando ―No sé, no sé. (Se rasca la cabeza y mira su cabello. Sigue igual de negro.)
Paula ― Mira, un paletero. Ven, amor, corre, cómprame una paleta. (Paula cruza la calle y deja a Fernando del otro lado.) ¿De qué sabor tiene, señor?
Paletero ― De la que quiera, señorita.
Paula (Voltea a ver si viene Fernando y no ve a nadie del otro lado. Piensa que le está jugando una broma.) ― Me da una de fresa eterna.

El señor le da su paleta de fresa eterna y espera que le pague. Paula, sigue sin ver a Fernando. Ella pide disculpas y va a regresar la paleta. Voltea con el paletero, pero desaparece. Le da una mordida a su paleta y desaparece. Lo que hay en su mano son doscientas hormigas negras. Se las quita, espantadísima.
De pronto la calle es otra. Es de noche. Paula está perdida. No encuentra a nadie. Está detenida. La gente pasa a su lado y caminan rápido. Ella, les habla y nadie le hace caso.
Paula ― Disculpen… señores… oiga… (Decide caminar y buscar a Fernando)
Camina dos cuadras, tres, cinco, siete, quince. Ve un teléfono, Se acuerda que no tiene monedas y se regresa. Se le acerca un desconocido y Paula lo detiene.

Paula ― Señor… perdón que lo moleste, pero ¿qué calle es esta? (El desconocido la observa de arriba abajo y se aleja. Paula, sigue buscando y a todos cuestiona.)
Camina más y sus pies poco a poco se van cansando. Sus zapatos se destrozan, sus ropas roídas, su cabello encanece. El sol sale y se esconde. Los edificios caen. A su cara le salen arrugas. Su piel ennegrece. Paula en ese extravío, pierde la juventud. Cae al suelo, se acomoda y espera. El tiempo no encuentra lugar donde sentarse y empieza a correr.

Paula ― Oiga, ¿no tendrá una limosnita para esta pobre ancianita? Es que
necesito hablar a mi casa o hablarle a mi novio para que venga por mí.

Nadie le hace caso… nadie…Cae una vez más la noche y empieza a llover. Paula se mueve de ahí. Pasa por un cristal enorme. Se detiene y ve su reflejo. Se palpa su cara sus cabellos.

Paula ― No puede ser… ¿Ésta soy yo? Pero… ¿Qué me ha pasado? (El reflejo de Paula, con cara siniestra le responde en voz baja) “Sí, ésta eres tú, mírate en lo que te has convertido, en una pobre vieja sucia, fea e inútil y así te vas a quedar por todo el resto de tus días…” (Y el reflejó se echa carcajada en pequeños susurros, como si tosiera.) Oh… no por Dios… ¿Qué ocurre? (El reflejo de Paula) “¿En verdad quieres saber qué ocurre? Bien querida, este será el último sueño que tendrás, saliendo de aquí vas a tomar el otro, el que no tiene regreso… y así como me estás viendo es lo más cercano de cómo pudiste haber sido… (El reflejo se va desvaneciendo junto con una risa más enloquecedora y asmática.)

Telón.]

El correo electrónico que le había llegado a Samuel hace dos meses, advertía que era totalmente verídico. No se quedó con la duda y lo hizo. El correo rezaba lo siguiente:
El más grande regalo, está vertido aquí. Por simple que parezca este correo, lleva en su raíz la parte más esencial del universo. Los dioses te han favorecido y te prometen que para el día en el que llegues a cerrar, un tu vida, un ciclo más, te otorgarán el celestial regalo. Sólo tendrás que rezar el mantra Jai guru deva om, las noches antes del tu día.
ga
Cada persona tiene predestinado a otra en cada vida. No importa en la manifestación que nos presentemos, siempre encontraremos a alguien para pasar esa mágica travesía. Muy diferentes, pudieron haber sido los viajes por los que tuviste que pasar para estar en ese momento exacto en el que, sorpresivamente, te espera ese ser tan iluminado como tú. Ambos se aguardan sin saberlo. No debes olvidar que también él o ella tuvieron que pasar por un recorrido diferente al tuyo. Lo que los transforma en seres iguales es ese mágico fina, que los liga en dos galaxias diferentes que van a darle forma a otro universo que sí llega a su consumación estallará cuando ustedes dos se vean. Ahora lo único que tienes que hacer es reenviar este correo y después te llegará tu respuesta. En ella se te ayuda un poco para que encuentres a tu persona ideal. Y la respuesta era: Estatura: 1.60. Tez: morena. Ojos: cafés. Cabello: castaño con rayitos rubios. (La mayor parte del tiempo lo traerá recogido.) Descripción: es una muchacha introvertida, Lo que le interese será el misterio que irás revelando. La mayoría de las veces viste de colores oscuros (negro, morado, o azul) Si la veas en la calle, lleve unos audífonos donde esté disfrutando de una buena pieza musical. Señas particulares: te bastará con sólo decirte que ella posiblemente use brackets metálicos. Por cierto un último detalle, es dos o tres años más joven que tú. Suerte, ahora todo depende de ti y que los dioses te sigan bendiciendo.
Hoy era su cumpleaños y estaba convencido que iba a encontrarla.
Salió temprano de su casa y se dirigió al centro de la ciudad. Se sentó la mitad de la tarde en una banca. Ese parecía el lugar más indicado. Una de la tarde, dos, tres, cuatro y veía pasar gente que no cumplía con esas características. Cuando estaba cansado de esperar apareció alguien similar a su predicción. Fue tras ella. La joven se metió a una tienda, él también. No podía verla bien debido a que la muchacha se movía demasiado. Él no quería aparenta tanta obviedad. No había cómo hacerle para captar la imagen de aquella mujer. Fue entonces que se le ocurrió usar su celular. Aparentó como si hiciera una llamada, pero antes activó la cámara. Se le fue acercando y ella quedaba plasmada en ese instante digital. Se acercaba más y sin darse cuenta la muchacha volteó y tropezó con él.
―Discúlpeme, señor, pero no lo vi. Soy una tonta.
Todo iba tan bien, sólo que la joven tenía una dentadura demasiado perfecta.
Samuel, no dijo una sola palabra, recogió su celular y se retiró de ahí.


Cuando despertaste soportaste las primeras contracciones. Pasó la mañana y no te negaste a los labores del hogar: tender la cama, barrer, trapear, sacar la basura, ir por la comida y dejar lista la lavadora. Traías los dolores mientras hacías todo eso, pero no querías alarmar a nadie.
El teléfono sonó. Era tu esposo quien no iba ir a comer debido a que tenía mucho trabajo. Pensaste que seguro ya tenía pactada una cita con otra mujer. No le dabas mucha importancia porque siempre pensabas en eso, no había momento que no desconfiaras de él.
Comiste sola. Terminaste y te recostaste un poco, sin darte cuenta te dormiste.
El sueño que tenías no era muy visible, pero en él sentías ese dolor que cuando despertaste seguía ahí. Estabas desesperada. Caminaste por tu casa. Tomaste pastillas para dolor, inhalabas y exhalabas puñados de aire y nada te quitaba aquella picadura.
Saliste a caminar un poco a la calle para ver si se aminoraba, pero parecía todo lo contrario. Encendiste la televisión. Volviste a cerrar los ojos, no tanto por el sueño si no por el dolor. Creíste haber escuchado los lamentos de un bebé. “No puede ser, ya está por venir.” Ibas al hospital, pero antes te bañaste. Preparaste algo de ropa para cuando salieras del hospital. Ya estabas dispuesta a salir de tu casa, pero no le habías avisado a nadie. Tenías que avisarle, anduviera donde anduviera debía saberlo. Marcaste y para colmo no te contestó.


Se despertó alterada por su sueño, pero sabía que se trataba de eso, un sueño. Mientras se vestía, trataba de recordar que estaba extraviada y esperaba a Fernando. Que después la dejaba, que tenía miedo porque no hallaba a nadie y que se convirtió en una viejecilla.
Le ganó una ligera sonrisa cuando se peinaba frente al espejo. “¿Yo, una vieja fea y sucia? Por favor.” La vanidad de la joven hizo que el sueño le fuera pareciendo absurdo, una vez pensado eso le iba tomando menos importancia y lo alejaba de su cabeza.
Terminó de arreglarse, tomó sus cosas y salió. Había empezado a dar clases en un colegio, aún no había comprado un automóvil así que tenía que tomar el transporte público.
Llegó el camión. Abordó. Se sentó en un asiento de en medio, debido a que el camión venía semivacío. Miraba su entorno, el cual era como en todos los transportes públicos, aburrido. Se pegó a la ventana y sacó de su mochila un dispositivo de música. Programó algunas canciones ―Para ser más claros Paula, seleccionó a la banda Explosions In The Sky con: A song for our fathers, la canción le recordaba tanto a su familia a la que extrañaba.― Se colocó unos audífonos y salió un rato a dar un paseo, mientra iba en su asiento.
La canción seguía cuando abrió los ojos, debido a que el camión se frenó. Paula, sabía bien que el camión iba a subir pasaje. Volvió a cerrarlos. Continuó el camino. Cuando le tocaron el hombro para traerla de vuelta, Paula jamás volvió a cerrarlos en todo el trayecto.
―Disculpe señorita… ¿No tendrá una limosnita para esta pobre anciana? Es que necesito hablar a mi casa o hablarle a mi novio para que venga por mí.
La anciana que le pedía la limosna a Paula, era ella misma. Era la misma Paula tal y como la se había soñado en esa madrugada. Era un fragmento de sueño colocado de mal modo en su realidad. Las ropas, la cabellara canosa, la piel ennegrecida, todo. Paula seguía viendo a la ancianita y pensó que aún estaba en aquel sueño, pero no, aquello ya no era un sueño; aquello era un último aviso de su realidad. Era el inicio de lo inevitable.
Paula, no contestó nada. La anciana no hizo y se siguió al otro asiento. Paula la siguió con la vista. La señora terminó de mendigar y se sentó. El camión se detuvo. La señora iba a bajar. Paula, volvió a verla y la viejecita también. Ambas se miraron. Cuando la señora iba a descender le lanzó un beso con la mano a Paula quien seguía sin creer lo ocurrido.


Fue difícil dar con la capilla; primero porque no conocía la ciudad y segundo porque esas funerarias tenían bastantes sucursales. Cuando pasó supo que era ahí debido a la gran cantidad de jóvenes que se encontraban afuera. “Aquí es, por fin te encontré, amor mío.”
Samuel llevaba consigo un arreglo floral tan grande como hermoso y preguntó por…
―Disculpen dónde están velando a Paula, a Paula Guillermina Jáuregui Hernández.
Después del accidente, Samuel había preguntado la joven, no sabía su nombre. Le preguntó a uno de los paramédicos por Luisa, al fin y al cabo ellos tampoco la conocían. Él la describió y ellos lo condujeron a donde estaba el cadáver. Pidieron que la reconociera y fue cuando Samuel por primera vez vio aquél bello rostro cubierto de sangre y raspones. Al instante supo que era la indicada. La había encontrado, la predicción era cierta y estaba a punto de que su universo estallara, pero el de ella no podía hacerlo, se había convertido en polvo de estrellas. El joven pasó su mano por la cara de Paula, llevó sus dedos hacia su boca y la abrió, claro, estaba seguro que traía brackets. Cuando le preguntaron que sí él era algo de la joven, Samuel respondió con lágrimas en los ojos: “Yo era su novio, nos íbamos a casar.”
Samuel se fue en la ambulancia que llevaba el cuerpo de Paula. Le entregaron las pertenencias de la muchacha. Sacó del bolso algunas credenciales y vio su nombre:
―¡Paula, Paula, Paula, Paula, Paula! ―Dijo Samuel con tanta insistencia.
―¿Se siente bien, joven? ―Preguntó un paramédico que venía junto a él.
―Así se llamaba… Paula.
―A ver. ¿Qué no me había dicho que se llamaba Luisa?
Samuel informó a la familia de Paula, ellos salieron para aquella ciudad. Cuando arribaron al lugar, Samuel había desaparecido. Los familiares quedaron inquietos por no saber quién les había avisado. Ahora ese joven, esa voz por fin se mostraba en el funeral.
―En la sala tres. ―Contestó una muchacha que se parecía a Paula.
―Muchas gracias. ―Respondió Samuel.
―Perdón… ¿Tú fuiste amigo de mi hermana?
―Sssí… íbamos juntos en la facultad.
―Entonces, ¿Vienes desde Zacatecas?
Samuel ya no quiso responder más a las preguntas y se alejó de ahí. Por un momento sintió que iba a responder mal a una de ellas y terminarían por descubrirlo.
Entró a la sala tres y fue a donde se encontraba el féretro. La sentía tan cerca: “Aquí estoy, vida mía, como el universo quiso que estuviéramos, juntos por siempre.” Samuel era un muerto, uno de los que pasan su vida en agonía y esperan el momento indicado para terminar de morir. Cuando vio a Paula en esa bolsa negra, supo que le había llegado su turno.
La hermana de Paula avisó a su mamá la llegada del joven. La familia quería saber sí había sido él quien les avisó. Quien también quería saber lo que ocurría era el novio de Paula.
La señora se acercó a Samuel, éste no dejaba de ver a Paula y lloraba calladamente.
―Perdóneme que lo interrumpa joven, pero quisiera quitarle unos minutos de su tiempo, es que necesito hablar con usted.
Samuel, supo de qué se trataba. Se dio la vuelta, secó sus lágrimas y veía en frente de él a la señora, a un señor, a dos jóvenes más y a un muchacho que se apoyaba en un bastón.
―Todo lo que sea para la familia de mi Paula.


Beto, terminó su turno, pero en la central le dijeron que su relevo estaba enfermo, que si quería seguirse al segundo turno. Dijo que sí, ya que ahora necesitaba el dinero.
Estaba por terminar con el turno de la tarde. Se fijó en su reloj y marcaban las ocho treinta y cinco. “Una media oreja más.” Llegó a subir pasaje y timbró su celular.
―Sí… bueno.
―“Beto, viejo.”
―¿Qué pasó, vieja?
―“Pos te marqué ahorita y no contéstate ¿qué hacías?”
―Pos ando jalando, ahorita porque estoy subiendo gente. ¿Qué pasó? ¿Cómo andas? ¿Te sientes bien?
―“Ay… no, no me siento bien. Ya voy pál hospital viejo. Te estoy hablando del teléfono de Mari. Toda la tarde me la pasé mal. Vamos en un sitio, y te hablaba pá que cuando acabaras te vayas al seguro. ¿Si?”
―Ay, viejarra, pobre de ti. Pero… no te apures, mujer. Qué bueno que la comadre va contigo. Nomás acabo el turno y me pelo pá allá. ¿Verdad?
―“Sí viejo, acá te espero.”
―Bueno, tranquila, viejita.
―“Sí…adiós, Beto.”
―Adiós.


13 septiembre 2009

En menos de 150 palabras

Así de rápido


Esperando el camión. Tarde lluviosa. Calle encharcada. Terminal del transporte llena.

―Sí, ya voy para allá, sólo que no pasa el camión.

Joven hablando por celular a no sé quién.
Lo empujan, empuja. Lo vuelven a empujar.

―¡Ah, con una chingada, cuidado!

¿Está enojado? Está emputado.

―No, perdón, a ti no. No te dije a ti… Fue a un pendejo que me empujó.

El pendejo lo empuja. Se le cae el teléfono a la calle, a un charco.

―¡Me lleva la verga!

Va por él.

―¡Cuidado!

El camión llegó.
Lo atropellan. Gritan. Está tendido en la calle. Lo atienden. Llega una ambulancia, Se lo llevan. Lo vendan. Le cierran las heridas. Sigue inconsciente. Lo bajan en camilla. Entra a urgencias. Le canalizan una vena. Le colocan suero. Despierta.

Llega su madre.

―Ay hijo mío ¿Pero cómo te pasó esto?

―No sé mamá. Todo fue muy rápido.

09 marzo 2009

Como todo anda en crisis, quesque la recesión, el jale, etc. También hay que ahorrar en palabras, guiones largos y sintaxis.

El resultado, esto:

Drogacidad / o Velocidroga... (Escojan)
Néstor Adame Santos

Novia de Emilio: ¡Ya por favor entiéndeme y bájale!. Emilio, totalmente eufórico y conduciendo el Audi: ¡Ahuevo, esto sí es velocidad, maestro! Amigo de Emilio que va en la parte de atrás, a un lado de Narro, dueño del coche quien va súper intoxicado: ¡Cuidado con el taxi, men!
En el baño: Narro, dale suave, está muy bañado ese pasón: Narro: Ay, ya, no seas abuela.
Amor, ¿Y Narro?

Amigo de Emilio, que no para de reírse: Y le pedí su número, Emilio. Y me dijo, soy Libra ¿y tú?... Soy Libra, ¿eso qué, Em? Se la bañó: ¡ay, papá! que buena noche. Novia de Emilio: Ándale, deja de decir idioteces y ayúdale a Emilio que para colmo ni toma ni fuma y todavía tiene que andar de niñero.

Amigo de Emilio: Eh, una Dos equis, por favor. Mesero, una Indio. Una Negra. ¿Tecate light? Ni que estuviera gordo, men, tráeme otra Bohemia.

Emilio, saca la cabeza del Audi y como un perro le ladra al taxista. ¡Ponte al tiro, cabrón, quieres que te pague el día ¿verdad? Y ustedes ya dejen de estar chingando, querían que yo manejara ¿no? El velocímetro del Audi: 140 km/h. Silencio en el coche. Ya, okey, okey… ya le bajé. Velocímetro: 130, 90, 80, 70. Noooooo, ni madres… Pie en acelerador. Emilio necesita volver a sentir la velocidad, el velocímetro vuelve a subir: 120. ¡Emilio, por favor, frénale! “Alto, ceda el paso a un vehículo” ¿Cuál automóvil cederá? Amigo de Emilio en voz baja. ¿Qué hace ese camión a estas horas? Ninguno.

Te lo prometo papá, préstame el coche, te juro que no voy a tomar…Es más que maneje Emilio, ¿si?

18 enero 2009

Si somos lo que leemos, ¿seremos lo que escribimos? A short history acompañada de una Letanía de Cordero.

Slim fast
Néstor Adame Santos

Letanía

Porque me vuelve vulnerable,
porque me obliga a buscar otro cuerpo,
porque me vuelve visible,
porque me vuelve utilizable,
porque me obliga a depender de otros,
porque me impide volar,
porque turba la pureza de mi imaginación,
porque no me pertenece y yo sí le pertenezco,
porque no puedo expresarme sin él,
porque chantajea mi espíritu,
porque ocupa un lugar,
porque todos me juzgan por él y no por mí,
porque me duele,
porque me hace morir y me obliga a vivir,
porque el tiempo me carcome, el espacio me
asfixia
y el amor me impone sus implacables condiciones,
odio a mi cuerpo.

Y el maldito lo sabe y no le importa:
sigue segregando
Sergio Cordero

Antes de haber ido a la cama, se volvió a subir a la bascula: 93.7 kilogramos. Esto lo hacía desde el lunes que empezó la dieta, tres días de ese régimen y no había bajado más que gramos.
―Sigo hecha un puerco. ―Con un gesto de resignación se volvió a colocar sus pantuflas y fue a la cama. Encendió la televisión, a esas horas de la noche sólo aparecían infomerciales de productos milagro con los cuales bajas 5 kilos en dos días. Veía todo el programa y volteaba a ver el teléfono que tenía en su buró: “Si no te gusta que te digan, chonchita, chonchis, goldis, o quieres recuperar esa confianza que se te ha ido con la llegada de tus kilos, ¡qué estás esperando para marcar! Somos los únicos con resultados reales, y si no te funcionó te devolvemos tu dinero.”
No era la primera vez que encargaba un producto de éstos, inclusive en ese momento seguía tomando medicamento del cual se acordó. Volvió a salir de la cama y sacó de su tocador una caja de la cual extrajo dos pastillas, las que en poco tiempo la bajarían de peso; se las tomó sin agua, seguido a esto entró en la cama y apagó el televisor.

Cuando volvió a despertar en su reloj se observaba que eran las 4:22 de la madrugada. Salió de la cama, se acomodó sus pantuflas y se dirigió al baño, en ese lapso iba más dormida que despierta debido a que en su camino se atravesó una silla con la cual torpemente se estrelló. Entró al baño, encendió la luz, dio un largo bostezo y se bajó su pants, llevándose consigo el calzón. Cuando apoyó en sus muslos sus codos, notó que éstos eran diferentes, se observó bien y sus muslos habían pasado de ser dos bates del capitán Cavernícola a unos más torneados y esbeltos. Miró sus manos y éstas parecían más reducidas, los dedos eran más delicados, sus antebrazos parecían haber perdido todo el cumulo de grasa que habían tendido por mucho tiempo, sus hombros estaban firmes… ¡Su vientre! Su vientre estaba liso, la gran cantidad de lonjas eran ahora una cintura bien delineada.
De un brinco se puso de pie y veía su rostro en el espejo. No podía creer la imagen que el cristal le devolvía: una cara afilada con los pómulos marcados, una nariz respingada y su extenuante papada se había evaporado. Tocaba su cara con un asombro mágico, se despojó de esa inmensa sudadera que traía puesta y acarició sus redondos y pequeños senos. Absolutamente no podía creer lo que estaba ocurriendo, seguro esa dieta o las pastillas que estaba tomando eran cosa de otro mundo.
No sabía qué hacer con tanta felicidad y lo primero que se lo ocurrió fue salir a comunicárselo alguien. Cuando regresó a su recamara, unos ronquidos hicieron que se detuviera, caminó muy lentamente a su cama en donde, con la oscuridad, no se veía bien qué o quién estaba ahí. De pronto ese bulto que estaba en la cama de la joven, se movió. La muchacha no sabía qué ocurría, debido a que ella vivía sola y no recordaba haber dormido con nadie. El bulto de la cama roncaba ferozmente y mugía algunas palabras, por un rato se quedó en silencio y una flatulencia fue la que delató que seguía con vida.
La muchacha esbelta, fue acercando más a la cama para averiguar quién estaba en ella. Cuando se acercó lo suficiente, movió la cobija y destapó a esa persona, únicamente vio su cara, pero esto le bastó para llevarse las manos a su boca y se dio cuenta que esa persona que dormía con tanta placidez era ella misma. Era ella en su antigua versión, era la gorda que tenía años sin un novio, a la que el amor le imponía sus implacables condiciones, era la que tenía años con el apodo de “la redonda”, años a dieta sin conseguirlo nada, años en que la juzgaron por ese cuerpo y no por otra cualidad, años de dolor y odio a su cuerpo, años que se la pasó en búsqueda de otro cuerpo sin nunca haber obtenido resultados hasta esa noche.
La redonda, seguía dormida y sus ronquidos no cesaron ni un sólo minuto, pero la joven esbelta había quedado pasmada con esa revelación. Por lo tanto ella se sentía a gusto como estaba. De antemano no sabía si aquello era un sueño, una mala broma o cosa de brujería, pero lo que si palpaba era que por una sola vez en su vida era bella, esbelta y feliz. No esperó a que el otro adefesio despertara, no quiso saber qué estaba ocurriendo, ni mucho menos dialogar con ese bodrio, estaba decidida a no desaprovechar esa segunda oportunidad tan maravillosa que le habían dado a su cuerpo, así que, tomó su bolso, la llaves de su coche y bajó por las escaleras, dejando esos kilos de más en su cama.

07 diciembre 2008

Sin tanto pedo aquí va un cuento (Marri, thanks for the tip´s)

La con / secuencia de un asalto
Néstor Adame Santos
“Esto no es una ciudad
porque aquí el perro y la
zorra son los inspectores.”
Proverbio sumerio.

Doña Cleta acababa de dejar las puertas de abiertas, para que se pudiera colar el aire y así la ropa que estaba lavando quedara totalmente seca. La señora era la portera de esa antigua vecindad, en la que no pasaban cosas mayores; hasta esa mañana, cuando vio a aquellos dos hombres entrar a toda prisa a la vecindad. Uno de ellos llevaba su camisa manchada de sangre que le brotaba de alguna herida superior, el otro le ayudaba a mantenerse en pie y también era victima de las abundantes manchas rojas que su compinche le había dejado. Los dos ya estaban en el zaguán del vecindario y sin pedir permiso, fueron al lavadero que momentos antes ocupaba doña Cleta ―quien se había quedado inmóvil por la intromisión de estos tipos. Uno nunca sabe qué es lo que la sangre traiga consigo― se limpiaban las manchas de sangre que les quedaba por todo el cuerpo. Los sospechosos empezaron a recriminarse algunos detalles que no habían resuelto.
―“Sí, agüevo, no hay pedo, compadre, mi amigo el poli está arreglado.” ¡Verdad cabrón! Puro pinche pedo el tuyo, ¿No que no nos iba a pasar nada? ¿Eh? Todos estos años y nunca has aprendió a amarrar un buen atraco. No vales madre, maestro, ya ves cómo me jodieron.
―No, no me vengas a chingar, todo estaba arreglado, tú mismo lo viste, nomás que siempre te quieres lucir y hacer pendejadas que no están planeadas. Por eso nos chingaron. Por eso te pasó lo que te pasó, por fantoche.
―¿Y ahora qué? ¿Pá dónde arrancamos? Yo necesito que me vea un doctor, no puedo ir tan lejos con este agujerote que tengo.
―Sí, tú, ¿Y que nos tuerzan los negros cuando te vea el doctor? ¿Qué te empiecen a preguntar hasta el nombre de tu perro? ¿Qué te saquen toda la sopa y me des en la madre a mí? ¿Qué me metan otra vez al bote? No, cabrón, eso sí que no. Ahora se aguanta, por pendejo. Ahorita te hago un amarre en ese cariñito que te hicieron, nos repartimos la ganancia y fuga. Era como habíamos quedado, ¿qué no?
―No seas hijo de la chingada, Brujo… yo tengo que…
―¡Ni madres, cabrón, ya te dije! ¡Te aguantas y punto! Aparte, tú fuiste el que empezó todo el desmadre.
―No es cierto, qué no te diste cuenta que tu “amigo” el pinche chota, aventó el primer plomazo, yo lo que hice fue de pura inercia.
―Pero, cabrón, ya te había dicho que ese no era el plan, el poli estaba de nuestro lado, el fuscaso fue parte del show, como tú dijiste, no tenías que armarla de pedo, era las señal para correr. Y ahora ya son dos pedos: uno el atraco y el otro el José, ojala y no se lo haya cargado el payaso. Por eso ni madre que voy al hospital.
―¿Sí eso lo que te duele verdad, cabrón? El puto del José.
―Ya no sigas chingando y a ver, déjame te veo la herida.

―Mira mi Brujo, lo que me encontré. Un revolver calibre 36, me lo van a prestar, pá la misión y aparte anda cargada de plomo pá quien nos quiera dar guerra.
―No hace falta una madre de esas. Ya te dije que no la vamos a usar. Ni mucho menos nos van a dar guerra, siempre quieres hacer tus pendejadas. Acuérdate que yo me encargo de todo, tú nomás vas de bulto.
―No, tampoco mames, sin mí no te aventarías el trabajo, si fui yo el que te trajo nuevamente a las andadas, ¿Qué no te acuerdas, compi?
Oscar era el encargado de la utilería en todos los trabajos que hacía con el Brujo, aunque las herramientas para su trabajo no eran más que: pasamontañas, guantes, mochilas, chaquetas negras, navajas multiusos y esta vez había dado el su mayor paso, adquirió una pistola. Mientras el viejo Brujo, era el ex convicto que trazaba los asuntos y planes de los trabajos. Él decía: “Mira a esa señora hablando por celular, no le dio limosna a la viejita, se ve que tiene lana, pero se ve que es cabrona, a ella no. Ahora checa a la doña aquella, no se ve que traiga mucho dinero en su bolsa, pero se me hace que no la hace de pedo. ¡Sobres de ella!” Él elegía los trabajos y los trabajados.
Pero esta vez el Brujo había sido más exigente, y no era para menos, ya que los dos compañeros habían tenido una buena racha asaltando transeúntes, ancianos, empacadores y una que otra tienda nocturna. Adquiriendo en todo esto un botín un tanto miserable. Eran buenos en su labor, pero les hacía falta presas con más solvencia económica.

―Ya estoy hasta la madre de andar asaltando cerillos, Brujo, ¿tú, no?
―Sí, esos pinches lepes no son buen negocio. Traigo una trampa desde un rato atrás, pero no sé si se haga. Tengo que checarlo bien con un contacto que ando trabajando
―¿Y, qué es, tú?
―Después te digo. Vamos a darnos una vuelta por “El Chamacas.”
―¿Por “El Chamacas”? Que fea maña la tuya de ir ahí.
Los territorios que frecuentaban esta pareja, eran lugares coherentes a sus costumbres. Visitaban cantinas de mala facha, prostíbulos que parecían arenas de box, salones de baile tropical y uno que otro bar de travestis. Fue precisamente en un bar como tal que el Brujo conoció a una excéntrica persona llamado Jeisy, quien por las noches era una despampanante pelirroja con piernas torneadas y cara de prostituta vieja. Pero en el día era José, un mal encarado guardia de seguridad de una prestigiosa joyería que se ubicaba en el centro comercial sur de la ciudad.
―¿Entonces qué onda, chula? ¿Cómo ves lo que te dije? Por la lana no te apures, vamos por partes iguales―Le dijo el Brujo al travesti que acompañaba a los dos futuros asaltantes en una mesa del bar.
―Es un buen plan, pero yo no tengo nada qué ver con el guardia de la entrada principal. Mejor por qué no entrar al centro comercial, se hacen pendejos un rato por ahí, van al baño y yo, Brujito, te mando un mensaje cuando el guardia de la entrada se descuide. Siempre deja el puesto un rato, no sé a qué horas ni cómo pero siempre se distrae.
―¿Y por qué no lo invitas a que te venga a ver acá, le das unos mamelucos, como al Brujo, y lo convences de que no se de chanza? ―Dijo Oscar en un tono sarcástico, ya que él siempre se mostraba molesto cada vez que frecuentaban el lugar.
―¿Está celosa tu muñeca, Brujo? ―Mencionó Jeisy quien tenía más habilidad y fuerza que Oscar.
―Tranquilos los dos, cabrones. Vamos a trabajar juntos y no quiero pedos. Bueno, como tú dices me parece, entonces, ¿estamos de acuerdo que así sea?
Oscar interrumpió: ―Solamente un detalle no me queda muy claro. ¿Qué no se verá muy actuado que entremos a la joyería, le damos un cachazo en la cabeza a la reina, después se va a donde le gusta, al suelo. En eso yo amenazó a la gente con la pistola, y tu Brujo recoges la mercancía. Salimos del lugar, sin pedo y se acabó? ¿Qué no se ve muy fácil?
―Pues así es como lo planee, Oscar, fácil.
―Pero, si a la dama aquí presente, le proporcionan su equipo de defensa, ¿Por qué no defenderse? ¿Por qué no abrir fuego?

―¡Esto es un pinche asalto, culeros. Todos al suelo, al primero que se quiera pasar de tostado me lo chingo. Al suelo marrana, tírate al suelo y deja de estar berreando! ―Oscar gritaba y se desenvolvía con una claridad tan nata en todo lo que estaba haciendo. Amenazaba a las personas, golpeaba algunas, les gritaba con violencia, la cual había quedado demostrada momentos antes con el cachazo en la cabeza que le había propinado a José, ―¡Chinga tu madre, maricón!― quien fingía estar inconsciente, pero en verdad sí se dolía del golpe. El Brujo quebraba las vitrinas de la joyería con un tubo y mezclaba los metales con el vidrio, ya que todo esto iba a parar a una enorme mochila que traía consigo. No dejó ningún aparador sin quebrar, y cuándo no le cupo más a su maleta, poco a poco se acercaba a su compañero, para dejar el lugar.

Cuando los policías observaron los videos que fueron captados por la cámara de seguridad del local, sólo pudieron detectar a dos tipos vestidos de negros con pasamontañas del mismo color. En el video se observaba cómo los ladrones amedrentaban a los clientes y empleados que se cruzaban por su camino. Después de 44 segundos que fue lo que transcurrió el atraco, los asaltantes se acercaban lentamente a la puerta de salida, pero fue en ese momento que el guardia, vuelve en sí, saca su pistola y dispara dos veces hacia adelante. La casualidad fue que sólo un disparo alcanzó su cometido y otro salió a la nada, debido a la cercanía con la que se encontraban ―Policía y ladrones― no daba ángulo para poder preparar un nuevo disparo. El ratero que traía consigo la pistola sí pudo dispararle al guardián quien se encontraba recostado en el suelo. El impacto fue tan consistente que dejó desangrándose hasta la muerte al guardia. Lo último que se pudo observar en el video fueron a los secuaces escapando, mal heridos, del lugar.

Doña Cleta había preparado vendas y gasas, para que cubrieran la herida de Oscar, la cual había sido lavada y desinfectada. Oscar seguía perdiendo sangre, pero lo reconfortó ver el alcohol y las vendas que doña Cleta les proporcionó.
―Andeles, muchachos, ya llegó su taxi.
―Muchas gracias por todo, Cleta. Usted no vio nada y no sabe nada. Adiós. ―El Brujo abrió su mochila y le entregó un par de metales a la señora que se mostraba fascinada por el regalo.― Una última cosa, no se ponga nada ni venda nada dentro de un rato, ya que pase un tiempo lo hace, pero mientras no.
Oscar se despidió con una breve mueca y ayudado por su amigo, salieron de la vecindad, subieron al carro e irían a tomarse unas merecidas vacaciones.

15 octubre 2008

Continuamos en la lucha

En el quersoneso de los Ripios existió en estos últimos meses, lo que le ocurre a toda comunidad que es contaminada con los suvenires de la civilización. En la península ocurrieron: rebeliones, golpes de agujeros, persecuciones, exiliados, sublevados, fugas de cerebros, asesinatos, violaciones y mutilaciones. Las cosas no mejoran, pero tampoco están como hace tiempo, es por eso la ausencia de Ripios que nos narraran sus experiencias. Antes de su fuga a otro agujero, un Ripio sacó de sus Archivos Expiatorios esta historia que les comunico. Mensaje: el formato del blog sigue su curso, historia que lean, historia que desechan. Voy de vuelta a la caverna. Seguiremos informando.


De los Archivos Expiatorios


(Sin recuerdos)


La figura de ese señor era desgarbada, lo hacía ver más sucio aquella lluvia incesante que le caía. Con esas botas y su ropa, parecía un mercante más del muelle uno en el que se encontraba esperando. Su barba crecida y su aspecto iracundo eran los de una persona a la que le han asesinado una vida que estaba resguardada por: una mujer hogareña, la cual fue mancillada con una soga letal que perforó la integridad de su cuello, sin haber dejado rastro de quién hubiera sido el malhechor, para después terminar en el lago del mismo muelle en el que su esposo, en estos momentos, estaba bajo la lluvia. El asesinato había ocurrido hace ya dos meses. En un miércoles 22, a las 22 horas.
Al mes siguiente, sin haber curado la pena y sin que las autoridades hubieran percibido algún indicio, el hijo preescolar y único de este señor, le siguió los pasos a su madre. Según las averiguaciones, también había sido arrojado al muelle uno y fue victima de una sutil soga. La fecha: un sábado 22 a las 22 horas.
Era lunes 22, del tercer mes desde que la mujer del desgarbado había muerto. Miró su reloj, la hora: las 21:30. Después que los protocolos forenses continuaban, él decidió hacer sus propias conclusiones, con lo simple del asunto, él sería el próximo en la lista del asesino, pero, ¿Por qué su familia y ahora él? Dios sabe, habiendo tanto demente en este mundo el desgarbado era un caso más del infortunio del azar. Según sus cálculos él en media hora iba a morir. ¿Con qué instrumento? con una soga ¿Su cuerpo?, sería arrojado al lago. Pero él quería cambiar su historia, quería venganza. Sin ya nada más qué perder estaba preparado para recibir al asesino y mutilarlo con toda el rencor que se había embrionado en sus entrañas. No se pudo aguantar las ganas y gritó al aire.
―Ven por mí, cumple con tu cometido, termina con tu demente tarea.
El reloj transcurrió. Las 22:45, el desgarbado estaba alerta. En eso, una silueta se acercaba a él, desde lo profundo de la neblina una figura abultada se aproximaba al desgarbado. Aquí viene el maldito. Es muy grande, por eso Erika y Julián no pudieron hacer nada. El desgarbado seguía de pie en el muelle, y decidió terminar su cometido. Llevó su mano a su gabardina para sacar una bereta 9mm que tenía preparada para encañonar al asesino quien se acercaba poco a poco hacia el muelle, no se observaba el rostro, pero sí se veía que arrastraba una pesada cadena. Es demasiado tonto para acercarse de ese modo. Ya vi su instrumento, pero si ahora ha decidió hacerlo con una cadena.
El desgarbado no pudo contenerse más y volvió a gritar: ―¡Hijo de perra, me has arruinado la vida, ahora te voy a mandar al infierno!― Cuando su mano estuvo en la bolsa de su saco y buscaba el mango de la pistola, no sintió nada, buscaba con suma excitación en todos sus bolsos y no encontró el arma, lo que sí palpó fue un pedazo rasposo. Rápidamente sacó esa soga que estaba teñida con vestigios de sangre seca.
―Amigo, ¿le puedo ayudar en algo? ―dijo el gordo que se acercó al desgarbado, quien seguía viendo la soga y la llevó a su nariz.
―¿Amigo, se encuentra bien?... Es peligroso que ande por aquí.
El desgarbado miró al robusto y no dijo nada. Seguía anonadado, fue entonces cuando recordó todo. Él era otro en ese momento, era un ser múltiple, tenía dos o más facetas de vida, y cometía crímenes tan perfectos en ese estado de inconsciencia que apenas los estaba descubriendo. Por fin comprendía varias cosas, pero en ese silencio, alcanzó a secar dos lágrimas sordas que empezaban a brotarle y colocó la soga en su cuello, le hizo un severo amarre que lo cerró la entrada al aire, siguió ahorcándose hasta que cesaron sus fuerzas. Cuando el gordo decidió auxiliarlo, el desgarbado tenía que terminar con su demente tarea que se había propuesto, aunque ahora se encontraba en estado consiente, de otra manera no hubiera podido arrojarse a las profundidades de ese lago de muerte.

09 julio 2008

La Atlántida, cantada por King Crimson

Como bien hemos oído hablar de esta mítica isla, siempre queda esa duda de saber si existió en verdad o no. Pero como ya ha ocurrido con otros ejemplos que la literatura se encarga de llevar a la realidad hechos o lugares que tanto nos hablan de su existencia que no sabemos si en verdad existen, existieron, pasan o pasaron. Como el centro de la tierra que Verne mencionaba en sus obras o todas las galaxias que Asimov nos hacía creer que estaban ahí, en el altiplano del universo. Pero en cuanto a la Atlántida, es el filósofo Platón quien en sus diálogos de Timeo y el Critias, el primero que menciona la existencia de la isla, posteriormente otros autores hablarían de ella, tanto que llegó a la memoria colectiva y la creó en todo más que un mito.

Es por eso que aquí en este video de otro mito de banda, King Crimson, nos muestran un recorrido por los lugares que ostentaron a esta isla. Esta banda, que son para mi gusto, los maestros del genero progresivo nos presentan en esta pieza memorable “Court of the Crimson King” que no es precisamente el video original de la canción, pero las imágenes que aparecen en el clip, nos dan un recorrido demasiado gráfico por esta isla de la duda.

Disfruten el video.



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